ColumnaSinNombre | DEL HUMANISMO AL ABUSO: EL PAN DE FEDERICO, ENTRE EL DESASTRE Y LA PODREDUMBRE

@pablojair

El desastre del PAN en Veracruz no comenzó con la pérdida de municipios ni con el abandono de militantes. Empezó mucho antes, en los pasillos del propio Comité Estatal, donde trabajadoras y trabajadores fueron despedidos sin justificación, violentados en sus derechos y sometidos a prácticas que hoy exhiben el verdadero rostro de la dirigencia de Federico Salomón.

Las acusaciones son graves: se sabe que desde hace dos días se despidió a varios empleados y éstos acusan violencia de género, acoso laboral, despidos injustificados y amenazas directas.

Se trata de empleados con entre diez y quince años de servicio quienes fueron echados a la calle sin explicación, sin finiquito y bajo un ultimátum indignante: aceptar una quincena o irse con las manos vacías.

Todo esto mientras el partido presume ser “humanista”… ¿Humanismo es humillar, amedrentar y despojar a quienes sostuvieron la estructura del partido durante años?

Estas decisiones no solo son inmorales, también son irresponsables. Cada despido ilegal abre la puerta a nuevas demandas laborales que terminarán costándole millones al PAN en Veracruz. Recursos que podrían destinarse a fortalecer al partido, pero que ahora se irán en juicios, indemnizaciones y multas por la soberbia de un dirigente que se niega a asumir su responsabilidad.

Y como si eso no bastara, se sabe también que Federico Salomón sigue sumando escándalos a su gestión.

Para entender el desastre actual del PAN veracruzano, hay que mencionar al que se señala como el verdadero dueño del circo: el diputado local Enrique Cambranis, operador en las sombras que mueve los hilos de un dirigente gris, de utilería, que obedece sin cuestionar.

El resultado es evidente: un comité sin rumbo, sin liderazgo y sin credibilidad. Federico presume dirigir al PAN, pero los números lo desmienten.

¿A cuántos militantes ha sumado realmente? A casi ninguno. En cambio, ha perdido estructura, cuadros y territorios. En cuestión de días, el partido perdió cuatro alcaldías: Jesús Carranza, Santiago Sochiapa, Chumatlán y Coacoatzintla. Un retroceso histórico que nadie quiere explicar.

Pero la debacle política palidece frente al caos administrativo: trabajadores sin salario no por falta de recursos, sino por falta de voluntad. Mientras habla de austeridad, al interior de dicho partido comentan que permite —o promueve— prácticas que rozan con la evasión fiscal y vulneran derechos laborales. Todo parece tener un solo objetivo: proteger intereses personales, aunque eso implique dejar sin sustento a familias enteras.

Peor aún: el uso del miedo como método de control. Amenazas, exigencias de silencio y advertencias contra quien se atreva a denunciar. Prácticas propias de cacicazgos autoritarios, no de un partido que dice defender la democracia y la dignidad humana.

Hoy, Federico Salomón y sus jefes políticos no solo están hundiendo al PAN electoralmente: lo está pudriendo desde adentro.

Cada despido arbitrario, cada amenaza, cada abuso, cada decisión torpe acerca más al partido a la irrelevancia y a la ignominia. Parecen empeñados en desaparecerlo a fuerza de errores, improvisaciones y ocurrencias.

Ante este panorama, la pregunta es inevitable: ¿qué dirá la dirigencia nacional cuando se entere del cochinero en Veracruz? ¿Jorge Romero avala estas prácticas? ¿Está de acuerdo con la violencia laboral, las amenazas, la evasión fiscal y el desmantelamiento político?

Porque callar frente a estos hechos no es neutralidad: es complicidad. Y mientras no haya consecuencias, el PAN en Veracruz seguirá pasando del desastre a la podredumbre.

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